15 octubre 2021

UNA TRADICIÓN DE TODOS LOS AÑOS

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Como en cada año, más allá del mero espectáculo, el Argentina Open ofrece desde diversas opciones gastronómicas hasta espacios de ocio para aprovechar un grato momento en familia o amigos, a la vez que el mes de Febrero siempre brinda un buen tiempo para visitar el Lawn Tennis.

Son las 18:30 y junto a una caravana de espectadores marcho a paso vivo hacia la entrada del club. Muchos salieron de su oficina hace un rato, otros terminaron de entrenar hace poco y aún siguen con polvo en las zapatillas. El resto eligió el look adecuado para una tarde de verano: predominan las bermudas y los monos. 

Una vez en la entrada, ingreso con la mochila, en donde llevo únicamente un abrigo para la noche, que pretende ser rebeldemente fresca. Atravieso el control de seguridad y acto seguido comienzo a respirar la atmósfera que se vive dentro del club. Unos pocos pasos me bastan hacer para tener a mi izquierda un mural con el cuadro principal. Al frente, los stands de los principales sponsors captan la atención del público, y a mi derecha un camino me dirige al patio de comidas.

Dentro del complejo, es el sector más concurrido por la gente, que se deja llevar por sus más profundos sentidos. Al tono del house, adultos y niños zigzaguean entre la multitud buscando la opción gastronómica que más convenza al paladar. Las luces de los food trucks le dan color a la noche que está por entrar, a la vez que alumbran las mesas de madera barnizadas, cuyo uso tiende más a una charla after-office con pintas de por medio.

Sin embargo, el foco está puesto en la pantalla que transmite el último partido del turno diurno. No hay aroma ni sabor que en este momento distraiga hasta el match point, que en ocasiones como éstas se mira con mucha ansiedad. De repente, suenan los aplausos en el court central y eso significa que todo este tiempo estuve (o estuvimos) mirando el juego con delay. Por eso, ahora todo el mundo apura el trámite con su comida o bebida y lo llevan para el breve camino hacia el estadio.

Ya en la puerta 6, los acomodadores están atentos a que todos tengan su ticket en mano y su pulsera en la muñeca. Ellos se encargan de ubicar el asiento de aquellos que visitan por primera vez el main court, mientras que otros se sienten como en casa y acceden derecho hacia la butaca.

En el codo, que en mi opinión regala una de las mejores perspectivas, aprecio la panorámica que brinda el Guillermo Vilas. Desde la fila 9 y próximo al palco sur, la imagen del terreno de juego es aceptable y  bastante cómoda, ya que no hay elementos que obstaculicen la vista ni que perturban la atención. 

Al ritmo de la música que hace vibrar suavemente al público, los celulares salen de los bolsillos y las carteras para grabar en 15 segundos una historia para Instagram. Cuando baja el sonido, el presentador va a hablar y a presentar a los jugadores. Es ahí cuando dejo el celu y me pongo de pie para recibir y aplaudir a los jugadores. 

Hasta el momento, pasaron muchas cosas en el Argentina Open que hacen de éste un lugar para recordar: el buen tiempo de verano, el público en la misma sintonía, el espacio hogareño que ofrece el Lawn Tennis. Por otra parte, a medida que avanza la noche, el asiento se transforma en el reposo de un largo día y la armonía del peloteo distendido durante el calentamiento brinda sonidos de calma para el oído, perturbado por los alarmantes ruidos de la rutina. Por eso, poco a poco el silencio se hace un lugar en el ambiente, hasta el comienzo del partido, cuando solo se puede oír la tensión del enfrentamiento.

Santiago Rodríguez
Especial para Línea de Fondo

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